
Interpretacion del KAIJU EIGA |
Eduard Terrades toshimitsu@hotmail.com
Introducción
Normalmente a una persona que se le enseña una película de Godzilla tiende a criticarla de forma drástica, incluso antes de haberla visto. Esta tendencia generalizada es comprensible, ya que si no está habituado a ver este tipo de cine, puede resultarle pesado e incluso ridículo. La mejor manera para empezar es hablarle del tema en si, del kaiju eiga como subgénero propio y autóctono del cine japonés. A partir de aquí sería preciso comentar las razones de su nacimiento, los pros y los contras, así como de las posibles influencias que a posteriori ha tenido sobre la ciencia ficción en general. Seguramente de esta manera se dará cuenta de que la existencia del kaiju eiga es más importante de lo que parece.

GOJIRA: Japón bajo el terror del monstruo 1954
Temas y conceptos básicos
Uno de los temas por excelencia en el kaiju es el de la energía nuclear; si concretamos aún más, los lanzamientos de las primeras bombas atómicas. Eso se entiende muy fácilmente, ya que las terribles vivencias experimentadas en Hiroshima y Nagasaki marcaron un punto y aparte en la mentalidad japonesa. Así pues, con la primera película formalmente concebida para el género, la archiconocida Godzilla - Japón bajo el terror del monstruo (1954), se mencionaba explícitamente la barbarie vivida a finales de la II Guerra Mundial.
Recordemos que, según su argumento, Godzilla nació a causa de las mutaciones provocadas por la energía atómica: no nació fruto de la casualidad, sino a consecuencia de la terrible bomba. Por lo tanto, la primera destrucción de Tokio a manos del monstruo nos hace revivir los tristes paisajes de Hiroshima y Nagasaki . Es como si la bomba cobrara vida propia reencarnándose en el destructor saurio Godzilla. Es interesante saber que según algunos sociólogos japoneses, el pueblo nipón le teme a todo lo que venga del cielo, una de las consecuencias del devastador efecto psicológico de la bomba nuclear. Si lo aplicamos a las películas de monstruos gigantes, el terror nuclear no sólo aparece desde arriba, sino desde la misma superficie terrestre, con la amenaza constante del monstruo que, donde pone sus pies, destruye a todo ser viviente.
Otro tema frecuentemente utilizado es la supervivencia del pueblo japonés ante todos los peligros, sobre todo en referencia a los fenómenos meteorológicos y naturales. Lo interesante es comparar la evolución que sufre este tema en el kaiju eiga: los japoneses, poco a poco, siempre han vuelto a recuperarse de las batallas sufridas. Además, se han ido modernizando, intentando crear una sociedad lo más adaptable posible a los cambios que experimenta la naturaleza (o en este caso a las bestias gigantes).
Esto es comprobable sobre todo en las series clásicas y las nuevas de Godzilla y Gamera. Aún así, los monstruos se entestan en destruir todo lo que han venido reconstruyendo los humanos, y estos, con mucha paciencia, vuelven a levantarlo nuevamente todo desde los cimientos. Puede sonar un poco paradójico, pero eso demuestra la fuerza, vigor y el espíritu de superación personal del pueblo japonés.

GAMERA, LA TORTUGA GIGANTE
Consecuencias del átomo
Otra de las consecuencias directas del miedo atómico es la obsesión por la destrucción. Constantemente el pueblo japonés es acribillado por seres de fuerza superior, siendo el único momento de relativa paz los años comprendidos entre Mecha Godzilla no Gyakush (1975) y Godzilla 1984 (en la patética producción Supermonster Gamera del año 1980 casi no se puede considerar que haya ataques, sinó más bien un pastel de refritos no ubicados en el espacio-tiempo). Así pues, uno de los factores claves y que con el tiempo ha servido de entretenimiento es el elemento destructivo. Sin él, los kaiju no tendrían credibilidad.

La era de las reivindicaciones
Es curioso como las críticas presentadas inicialmente, a medida que pasaban los años, fueron cayendo en desuso o siendo sustituidas y adaptadas a cada generación. Desde un principio se exaltó el nacionalismo de forma exagerada; eso es del todo comprensible, sobre todo después de haber perdido Japón la II Guerra Mundial. Eso es visible con la presencia constante del ejército luchando contra toda criatura enemiga, lo que hacía recuperar la fuerza militar en Japón.
Esto se extiende hasta el neo kaiju eiga, siendo del todo admisible, porque si no... ¿Quién organizaría las tropas de asalto contra los bichitos? De todas maneras, a medida que avanzaba el género, el ejército viene a ser secundado por criaturas que actúan heroicamente.
Podríamos hablar de que algunos kaiju, sobretodo Gamera y Godzilla, son un signo patriótico de Japón. Aunque también es entendible que actúen por igual de símbolo pop, si no no habría tanto público a nivel mundial dispuesto a gastarse dinero en sus películas.
La ciencia-ficción como recurso estilístico
A partir de la película Sandaikaiju chikyu saidai no kessen (1964), la ciencia-ficción es más que aceptada, pasa a ser una sombra que acecha en una cantidad destacable de películas. Por eso en muchas de ellas aparece la figura del científico, más o menos serio, que argumenta las causas del nacimiento del monstruo en cuestión, así como las posibles soluciones para aniquilarlo. De hecho la ci-fi ya se había popularizado con el film de Honda Chikyu Boeigun (1957). Consecuentemente este tema perduraría hasta nuestros días, y eso es fácil de explicar, ya que el kaiju eiga en si mismo bien podría ser un subgénero de las sci-fi movies, polémico tema del que no voy a hablar.

Chikyu Boeigun (Inoshiro Honda 1957)
La mitología como trasfondo
Podríamos bifurcar este tema de dos maneras posibles.
La influencia de la mitología japonesa
No creo que sea muy comprensible pensar que haya una relación directa entre las leyendas arcaicas japonesas, o incluso con las de procedencia occidental, con el mundo del kaiju eiga. ¿Acaso alguien ha visto alguna vez un monstruo gigante?. Posiblemente la mayor influencia han sido los dinosaurios, sobre todo comprobando el diseño de algunas de las criaturas (Godzilla el más obvio de todos). Otros seres prehistóricos que aparecen en algunos de estos films son las legendarias serpientes marinas, cuya existencia no esta demostrada científicamente (Biorante o Manda son los casos más parecidos). Asimismo, los dragones de la edad media también son representativos en estas películas (King Ghidorah parece haber salido de una leyenda de ese período histórico). Los únicos seres vivos y marinos que en la actualidad gozan de cierta reputación monstruosa son los pulpos gigantes, de aparición en dos films de Ishiro Honda: Furankenshutain tai chitei kaijü Baragon (1965) y La Batalla de los simios gigantes (1966). Aunque cabe reconocer que el tema de los pulpos gigantes ya había sido explotado en producciones estadounidenses mucho antes de que Godzilla pisara Japón. Curiosamente, hay un caso histórico certificado que data del año 1897 en el cual se narra la existencia de un colosal pulpo de unos 17 metros hallado en el mar, un pulpo llamado Octopus Geganteus.
Furankenshutain tai chitei kaijü Baragon (1965)
Las leyendas ficticias que se argumentan en cada película
El ejemplo más evidente lo encontramos en la trilogía de Daimajin, cuya mini saga se apoya en la presencia divina del ser. En otras producciones se explica la creación de muchos monstruos de mil formas diferentes; unas de más teorizadas, otras con un regusto kitsch, e incluso algunas con un tufillo engañoso y manipulable, como por ejemplo en Hedorah, la burbuja tóxica (1971), que es una especie de ejemplo sobre cómo concienciar comercialmente a la población de los peligros de la contaminación.
Ni siquiera las monster movies escapan al género fantasmal, con una graciosa idea que se introduce en la película moderna de Mothra, la del kaidan o historia inquietante de Ghidorah, una especie de espectro del dragón tricéfalo.

Conclusión
Aunque todavía podría extenderme muchas más líneas, espero que esta pequeña tesis sobre el mundo del kaiju eiga haya contribuido a una mejor comprensión y valorización de estas delirantes realizaciones. De esta manera, se podrá disfrutar aún más de este peculiar subgénero, que para muchos es casi una religión (el firmante entre ellos), y para otros resulta del todo prescindible. Lo que es innegable es el peso que ha tenido sobre la sociedad japonesa, así como unas de las piezas fundamentales para entender la evolución del cine japonés en general.
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