INOSHIRO HONDA, EL CREADOR DE LA LEYENDA

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Este 2004 celebramos medio siglo desde que se estrenó, allá por 1954, Japón bajo el Terror del Monstruo (Gojira. Inoshirô Honda, 1954), primera producción de lo que se convertiría en todo un género cinematográfico, los kaiju eiga , o películas japonesas de monstruos protagonizadas por Godzilla y otros gigantescos seres, biológicos unos, mecánicos otros, durante décadas columna vertebral del hoy imprescindible fantástico japonés. El kaiju tuvo, además de un gran catálogo de criaturas, en el bando humano nombres esenciales para entender su evolución: el productor Tomoyuki Tanaka; Eiji Tsuburuya, el gran especialista en maquetas y efectos especiales; actores como Kenji Sahara, Takashi Shimura y los sufridos especialistas que evolucionaban bajo pesados trajes de goma, y a grandes músicos como Akira Ifukube y Masaru Sato. Entre los directores que escenificaron una y mil veces la destrucción de Japón hay dos nombres básicos, Jun Fukuda y Noriaki Yuasa y uno imprescindible, Inoshirô Honda. Sin Honda y sus obsesiones por el horror atómico y el papel trágico del hombre de ciencia en nuestros tiempos la saga Godzilla no sería la misma y hubiese evolucionado más rápidamente de lo que lo hizo al infantilismo y el cutrerío... o sencillamente no habría aparecido.

Estamos hablando además de un nombre mayor del cine japonés ligado durante gran parte de su vida profesional al maestro Akira Kurosawa. Honda realizó 58 películas, de las cuales 19 son productos de kaiju eiga y unas cuantas estupendas space operas en las que no son pocos quienes ven antecedentes de La Guerra de las Galaxias (Star Wars. George Lucas, 1977).

Inoshirô Honda, nacido en 1911 y fallecido en 1993, fue hijo de un monje budista de Yamagata y le gustaba contar que se apasionó por el cine relatándole películas a un amigo ciego. Pasó ocho años de su juventud en el Ejército Imperial durante la Invasión de China, lo que le alejó del cine al que en 1933 se había incorporado, trabajando para la compañía que más tarde se convertiría en los Estudios Toho. Hecho prisionero por los norteamericanos, no pudo regresar a su país hasta 1946, para contemplar con horror las consecuencias del genocidio cometido por los norteamericanos con los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.

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Los centenares de miles de muertos, las muertes lentas provocadas por la contaminación radiactiva y la imposibilidad de denunciar aquel horror en un Japón ocupado le obsesionaron durante toda su vida por la amenaza de las armas atómicas. Cuando en 1954 además los Estados Unidos comenzaron las pruebas con la bomba de hidrógeno en el Pacífico el germen de Godzilla estaba sembrado.

Antes, en 1949, Honda inició su carrera como director de segunda unidad para Kurosawa: fue el responsable de la tenebrosa atmósfera de cine negro en El Perro Rabioso (Nora Inu. Akira Kurosawa, 1949). Ya como director sus primeras películas fueron unos documentales dramáticos en los que aprendió a rodar secuencias submarinas y volcanes en erupción, que tanto aparecerían luego en los kaiju. El cine bélico fue lo que le hizo saltar a la fama, en particular Taiheiyo No Washi (Taiheiyo No Washi. Inoshirô Honda, 1953), de 1953, la primera versión revisionista de la Guerra del Pacífico tolerada por los invasores norteamericanos, en la que defendía el papel moderado del viceministro Yamamoto, opuesto a la alianza con Hitler y partidario de firmar la paz con los EE.UU.

Mientras en la Guerra Fría soviéticos y norteamericanos emprendían la ruinosa carrera armamentista, Japón, cuya rendición le impedía rearmarse, invertía su dinero en industrias más constructivas, especialmente las tecnologías orientadas al ocio. El increíble despegue industrial japonés también benefició la producción cinematográfica y estudios como Toho iniciaron en los cincuenta una frenética actividad. En 1954 Hollywood estrena lo que sería un colosal éxito de taquilla en todo el mundo: El monstruo de tiempos remotos (The Beast From 20.000 Fathoms. Eugene Lourie, 1954) en la que las geniales manos de Ray Harryhausen hacen evolucionar por las calles de Nueva York a un dinosaurio congelado al que despiertan los ensayos atómicos. Toho quería una respuesta japonesa y de inmediato se la proporcionó el cuarteto mágico: el productor Tomoyuki Tanaka, el maquetista Eiji Tsuburaya, el compositor Akira Ifukube y el director Inoshirô Honda. El resultado, un clásico: Gojira en Japón, Godzilla en EE.UU. y Japón bajo el terror del monstruo en España. Para Honda era su primera incursión en el cine fantástico, del que se apartó en sus siguientes trabajos de aquel año, y asentaba en estupendo blanco y negro todas las claves del mito: el dinosaurio o lo que sea un señor embutido en un traje de goma al que la radiactividad saca de su letargo y que se encamina directamente hacia Tokio y otras grandes ciudades del archipiélago para pisotear cuanta maqueta y cable chisporroteante se pone a su paso, con cientos de japoneses huyendo despavoridos y grandiosos finales en el monte Fuji o cualquier otro gran escenario abierto. Contado así puede parecer infantil y esquemático, y de hecho así es en muchos de los peores productos kaiju, pero Honda y Tanaka se encargaron de que las películas de Godzilla y otros monstruos estuvieran llenas de grandes momentos.

Federico Vaz. www.espacioexterior.net

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