Flash Gordon

apuntes sobre el serial cinematografico

Luis Rueda   www.judexfanzine.net

 FLASH_COMIC.jpg (22711 bytes)

Flash Gordon representa hoy en día para los aficionados a la ciencia ficción un icono pop que transciende lo meramente literario, y parte de ello se debe a la popularidad de los seriales cinematográficos de los años treinta que trasladaron el espíritu del cómic respetando su estética retrofuturista, y su irresistible condición pulp. Los seriales de Flash Gordon (llevados por la Universal a la gran pantalla en los años treinta), vistos hoy nos pueden parecer excesivamente infantiles (diálogos afectados y artificiales, ritmo machacón, música enfática…), pero sin embargo siguen siendo altamente disfrutables: los desvergonzados excesos estéticos de sus decorados y su vestuario constriñen la pantalla y nos sugieren un fuera de campo grandilocuente e irresistible.

 

Del cómic al serial

En 1934 el ilustrador estadounidense Alex Raymond creó el personaje de Flash Gordon para la tira dominical de la King Features Syndicate y pronto se convirtió en uno de los personajes más populares entre los jóvenes lectores. Gordon nació como un competidor directo del Buck Rogers[1] dibujado por Dick Calkins. En 1944 Raymond sería sustituido por F.S. Austin Briggs al que más tarde sucedería Mac Rabo y otros artistas como Dan Barry, Al Williamson, Frank Bolle, Ric Strada, Reed Crandail, Paul Norris, Wallace Wally Wood y Pat Boyete.

En España, Flash Gordon llegó de la mano de la revista El Aventurero (el 14 de mayo de 1935) en el contexto histórico de la Segunda República, en una edición de la editorial Hispano Americana que funcionaba como filial de la Editora Vechi italiana de la cual tomaba prestadas las planchas. Gordon compartió en El Aventurero páginas con X9 también de Raymond, Tarzán de Foster o Mandrake de Philp Davies, entre otros. Tras la Guerra Civil española el personaje de Flash Gordon volvió a salir a la calle esta vez adoptando un rol de policía que mucho tuvo que ver con la influencia política de Benito Mussolini sobre la Editora Vechi italiana. El difícil contexto histórico hizo que la Hispano Americana tuviera problemas para resucitar al personaje intentándolo tanto en 1944 como en 1949, pero a las dificultades del mercado había que añadir la decadencia del trabajo de Briggs, en las antípodas de la genialidad de Alex Raymond.

FLASH.jpg (21551 bytes)

En Estados Unidos la popularidad del trabajo de Raymond rápidamente atrajo la atención de los estudios Universal que barajaron seriamente la posibilidad de llevar el personaje al cine. Flash Gordon tenía todos los elementos para convertirse en un serial de éxito, y sólo el coste de su ampulosa puesta en escena podía crear dudas. Finalmente, el 7 de enero de de 1934, la productora compró los derechos cinematográficos a la King Features Syndicate y puso en marcha el primer serial bajo el título genérico de Flash Gordon.

Los seriales cinematográficos marcaron toda una época, sus proyecciones de media hora acompañaron a otros estrenos en programas dobles o bien en sesiones matinales de los sábados (las célebres matinées) con gran éxito de público.

La técnica del Cliffhanger sería el método habitual de estructurar los capítulos: cada entrega dejaba al héroe en una situación de intriga o de máximo peligro emulando los finales de las viñetas de los cómics, con primeros planos del rostro desencajado del héroe, y también en ocasiones con la heroína en diversas «situaciones comprometidas». La técnica Cliffhanger ya había sido utilizada en literatura, tanto en los narraciones de misterio (caso de escritores como el francés Paul Fèval, autor de Los misterios de Londres y El caballero de Lagardère) como en los folletines melodramáticos al estilo de Eugène Sue. Hoy en día esta técnica sigue vigente en fenómenos televisivos como las series anime japonesas (desde clásicos como Marco hasta productos de cariz más underground como Lain, siguen recurriendo a menudo al Cliffhanger). La radio estadounidense de mediados del siglo XX que emitió centenares de seriales por las ondas, también se erigiría en una de las principales valedoras de esta técnica para atrapar al oyente, además de Amazing Interplanetary Adventures of Flash Gordon, fueron famosas en su época, otras radio-epopeyas sci-fi como The adventures of Jungle Jim.

Larry «Buster» Crabbe

(el rostro de Flash)

FLASH1.jpg (22213 bytes)

El primer serial para la gran pantalla cayó en manos del realizador Fredderick Stephani en 1936. Para encarnar al héroe en un primer momento se pensó en John Hall (un actor esencialmente de estudio), pero una vez descartado, la productora Universal se decantó por el medallista olímpico y ganador de dieciséis campeonatos mundiales de natación, Larry «Buster» Crabbe. El nadador, que ya tenía cierta experiéncia como actor –no en vano ya había intervenido en quince películas, entre ellas Tarzán the Fearless (1933) [2]–, se convertiría a partir de ese momento en el mejor Flash Gordon cinematográfico hasta la fecha sin que nadie le hiciera sombra. Crabbe, además prestaría su rostro a otros héroes famosos del cómic en seriales como Buck Rogers, Captain Silvera, Junga, Red Barry, o en el papel de Barton para Jugle Jim. Crabbe encarnaba a la perfección los valores de la juventud americana: licenciado en Derecho por la Universidad de Southern California, pronto destacaría en deportes como el rugby, el baloncesto, el track y cómo no, la natación: fuera y dentro de la pantalla fue el Flash más convincente.

La primera Dale Arden fue encarnada por Jean Rogers y el papel de Ming recayó en un excelente Charles Middelton. El serial se dividió en 13 capítulos de media hora cada uno y costó un total de 350.000 dólares, pronto se convirtió en uno de los grandes éxitos de taquilla de ese año.

El trabajo de adaptación del mundo creado por Alex Raymond resultó excelente. La Universal no escatimó en gastos a la hora de construir maquetas, para el rodaje se utilizaron sets de La novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935) de James Whale y elementos de La momia (The mummy, 1932) de Karl Freund. Para la banda sonora se reutilizaron piezas de otras películas, y en ella pueden identificarse fragmentos de Franz Waxman para El hombre invisible (The invisible man, 1933) de Whale, o Al este de Java (East of Java, 1935) de George Melford o de Max Steiner para King Kong (1933) de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack.

La base del argumento se ciñe fielmente (especialmente en sus ocho primeros capítulos) al trabajo de Raymond: el planeta Mongo se acerca peligrosamente a la Tierra, Dale Arden y Flash son sorprendidos por un tormenta en pleno vuelo y han de lanzarse en paracaídas. El destino les llevará hasta el refugio del profesor Zarkov que les enrolará en un vuelo interplanetario para abortar las malignas intenciones de Ming. Aura, la hija del tirano, pronto quedará prendada del rubio terráqueo. Hombres-león, dragones, hombres-pájaro, el gorila unicornio, reinas de la magia como Azura, serán algunos de los enemigos a los que deberá enfrentarse Flash, y en su viaje conocerá, además del retrofuturista palacio de Ming, mundos submarinos, una ciudad en las nubes y túneles del terror entre otros fantásticos escenarios.

Con el productor Henrry MacRae fuera de la Universal y la productora en manos de Barney Sarecky, un segundo serial de Flash Gordon vuelve a tomar forma, pero esta vez con un presupuesto mucho más reducido y con un perfil de trabajo más ajustado a las limitaciones de la serie B. Para Flash Gordon´s trip to Mars (estrenado en España bajo el nombre Marte ataca a la Tierra), se vuelve a contar con Crabbe, pero la calidad de la serie se resiente de estas condiciones y el guión poco tiene ya en común con la obra de Raymond. La historia en esta ocasión se sitúa en Marte donde Ming, con ayuda de la reina Azura (soberana de la magia de la muerte), prosigue su plan de aniquilación de la Tierra esta vez por medio de un artefacto capaz de extraer los elementos vitales de la atmósfera.

El último serial sobre las aventuras de Flash Gordon se tituló Flash Gordon Conquers the Universe y se estrenó en 1940 bajo la dirección de Ford Beebe y Ray Taylor. Con Crabbe como actor principal y Carol Hughes sustituyendo a Jean Rogers en el papel de Dale Arden. Flash y sus compañeros se trasladan al planeta Mongo para luchar en esta ocasión contra la plaga de la muerte púrpura que está azotando la Tierra; el antídoto contra el veneno creado por Ming lo hallarán en las frías tierras del planeta Frigia.

FLASH_MING.jpg (15497 bytes)

Si bien no llegó a los niveles de calidad del primer serial, esta entrega volvió a las esencias del material de Raymond y superó con creces los resultados de Marte ataca la Tierra. En el año 2004, Círculo Digital distribuyó en España el serial completo en una excelente copia en DVD, que me ha permitido descubrir un material inédito en España hasta la fecha. Más allá del necesario proceso de documentación (un proceso casi arqueológico para alguien de mi generación cuyo inmediato referente es la versión cinematográfica que de Flash Gordon produjo Dino De Laurentis en 1980), lo que realmente ha atraído mi atención sobre el personaje (y lo que ha motivado este artículo) ha sido el visionado del hasta hoy inédito serial.

La puesta en escena de The Flash Gordon´s Conquers the Universe llama la atención por la continua alternancia de escenas estáticas (el plano general que intenta mostrar el resultado de los decoradores en su máxima expresión), y la esforzada labor de efectos especiales que a menudo se nutre del reciclaje de películas de éxito de la Universal. Hay una clara renuncia al plano corto, y una nula utilización del zoom: la fisicidad de las peleas es el único argumento que genera una mayor presencia de la cámara, pero por norma general la intención del director es crear grandilocuentes viñetas donde la voz de los personajes es recurrente como un pie de página que procura detallar la situación sobre manera. Pero en gran medida esa machacona tendencia a la reiteración argumental, intencionadamente o no, convierte la acumulación de evidencias en un hipnótico precedente de la moderna space opera.

La influencia de seriales como Flash Gordon ha quedado patente a largo de la historia del cine en sagas como Star Wars. Los paralelismos estéticos son abrumadores, personajes como Flash, Barian, Dale Arden o Ming no dejan de ser primitivos arquetipos de los Luke, Han Solo, Leia o Darth Vader , no en vano, el director estadounidense George Lucas fue un auténtico entusiasta de los seriales de Flash Gordon durante su infancia. El episodio Walking bombs! es un excelente ejemplo: los robots bomba que atacan a Flash, Zarkov y compañía en el planeta Frigia, conforman un precedente estético clarísimo de la «guardia imperial» de la saga de Lucas. Aún así, el barroquismo de las naves especiales o el atrevimiento de los vestuarios –casacas, cascos emplumados o mallas ajustadas al más puro estilo de El Prisionero de Zenda (The prisoner of Zenda, 1952) de Richard Thorpe– parecen haber hecho mayor fortuna en posteriores proyectos como Dune (1984) de David Lynch, El quinto elemento (The Fifth element, 1997) de Luc Besson o en series televisivas como Galáctica o la más reciente Babylon 5.

Los seriales de Flash Gordon influyeron notablemente en el cine de ciencia ficción moderno: pistolas láser, radio-teléfonos, rayos destructores o increíbles inventos como «la calorita» (una pócima contra las temperaturas extremas) abrieron el camino a las espadas de luz, los hologramas, los trajes con reserva de agua, los cazas imperiales etc, etc.. Pero la obra de Raymon siempre tuvo un ojo en el cine clásico de aventuras, de tal manera que no ha de extrañar el atuendo y la forma de vida de los habitantes de Arboria (el pueblo del príncipe Barin que vive entre las copas de los árboles) un homenaje en toda regla a Robin Hood y a sus huestes de ladrones del bosque de Sherwood.

Flash encarna al héroe sin fisuras, de moral inquebrantable y fiel a sus amigos: crea admiración en hombres como Barin o en mentores como Zarkov. Hace que las mujeres, especialmente Aura (la hija de Ming), Dale Arden, pero también la reina de Frigia, saquen las uñas como felinos para asegurarse un lugar en su regazo. Pero precisamente esa condición de estereotipo (nada que ver con los nuevos héroes de más reciente Sci-Fi: y pienso en Snake Pilsen o Riddick) le convertirá con el tiempo en un irresistible icono del kitsch y del reciclaje underground. ¿Quién puede negar hoy en día la influencia del trabajo de Raymond en campos tan dispares como la moda, el diseño automovilístico o la arquitectura?

El personaje en color

Pero los tiempos cambiaron desde la época de los seriales, y también los gustos del público, de manera que Flash Gordon acabaría siendo objeto de parodia en filmes nudies como Flesh Gordon de Michael Benveniste y Howard Ziehm (1971), una boutade sin par que indagaría en las intimidades eróticas del rubio viajero estelar interpretado para la ocasión por Jason Williams. La siguiente y hasta la fecha última incursión de Flash en la gran pantalla fue en la superproducción de Dino De Laurentis: Flash Gordon. La película dirigida por Mike Hodges en 1980 fue interpretada por Sam Jones (Flash Gordon), Melody Anderson (Dale), Topol (Zarkov), Timothy Dalton (Barin) y Max Von Sidow (como un convincente Ming), pero quizás lo más destacable del reparto fue la princesa Aura interpretada por Ornella Muti: su perfil perverso e intrigante se tradujo a la postre en el mayor atractivo del filme. Este nuevo Flash Gordon provocaría urticaria entre los fans del cómic: por el contrario el filme pronto pasaría a los anales de la historia cinematográfica como uno de los delirios kitsch más arrebatadores de la historia del cine junto a Barbarella (1968) de Roger Vadim o a Diabolik (1968) de Mario Bava. El tono del filme, cómico, abiertamente camp, estaba a años luz de la pulcra sofisticación del trabajo de Alex Raymond. Esta nueva versión de las aventuras de Flash Gordon guardaba un forzado equilibrio entre el folletín ligero y la épica de sus personajes, es decir, adaptaba fórmulas de guión que funcionaban en los seriales precisamente por su forzosa austeridad (amén de su contexto en el tiempo) aunque en este caso devinieron excesivamente teatrales.

flash_gordon_80.jpg (66229 bytes)

El público demandaba una nueva mirada, más acorde con las ilimitadas posibilidades de la «mitología» raymondiana y se encontró con un filme de look queer, que ni funcionaba como película de aventuras ni como espectáculo de ciencia ficción. La superproducción, de ambiciosos decorados, devino un delirio colorista, un capricho prét-a-porter, al servicio de unos diálogos de juzgado de guardia, que en su intento de trasladar la esencia de los seriales olvidó que habían transcurrido cincuenta años y el cine moderno de ciencia ficción se había sofisticado a pasos agigantados (Alien el octavo pasajero,1979 y Blade Runner, 1982 , ambas de Ridley Scott, son paradigmáticos en ese sentido). El filme, pese a las simpatías que pueda generar desde la distancia, es tontorrón, autocomplaciente y a mi modo de entender equivocadamente demodé; como buen producto de De Laurentis, el Flash Gordon de Mike Hodges entraría a formar parte de la tradición europeísta (trasalpina concretamente), mas cercana al exploit que conformarían una serie de sucedáneos galácticos como Sette uomini d´oro nello spazio, de Alfonso Brescia/Al Bradley (1981) o Star Crash de Aldo Lado (1978), por poner solo dos ejemplos. Quizás la lección estética, la clave de cómo aprovechar la imaginería de Raymond adaptándola a las posibilidades del cine contemporáneo de ciencia ficción, se encuentre en trabajos como Dune (1983) de David Lynch, o en Brazil (1985) y Doce monos (1995) de Terry Gilliam, ya que ambos directores han sabido inspirarse con inteligencia en los barrocos trazos del cómic de Raymond, así como en la operística de los seriales, sin renunciar a artistas contemporáneos de la talla de Jean-Claude Mèziéres, Jean Giraud o Giger. La fantaciencia de finales de los setenta había ensombrecido sus decorados, ya impregnada de la estética pre-cyber auspiciada por la generación hurlant [3], había sufrido un proceso de hibridación en el que el western más crepuscular, en algunos casos el cine negro de los años cuarenta, y especialmente el nuevo cine de terror, eran influencias muy a tener en cuenta. Nuevas propuestas como la británica Atmósfera cero (Outland, 1980) de Peter Hyams, un tecnothriller claustrofóbico complemente deudor del western clásico, se encargarían rápidamente de lapidar la hipnótica cinefagia fantasy de productos como Zardoz de John Boorman (1974) o el Flash Gordon de Mike Hodges antes citado.

Desde Hollywood, las últimas noticias que nos llegan hablan de una nueva versión de Flash Gordon: al parecer el filme recaerá en manos del director Stephen Sommers (Las aventuras de Huckleberry Finn, El libro de la Selva, Deep Rising, La Momia, El regreso de la Momia, Van Helsing) y podría estar interpretado por Ashton Kutcher (Recién casados, El efecto mariposa). Seamos cautos antes de emitir un juicio de valor y recordemos el interesante trabajo que el director realizó para La Momia (The Mummy, 1999): un estupendo collage de cine de aventuras coloniales y terror clásico que recuperaba con especial acierto el espíritu de las creaciones stop-motion de Ray Harrihaussen sin renunciar a las posibilidades de los nuevos programas de animación. A poco que no caiga en la simplista y reiterativa borrachera digital de Van Helsing, a mi juicio, atesora suficiente oficio para hacer una estupenda labor con el material de Raymond.

Entre tanto les recomiendo redescubrir alguno de los seriales[4] que la Universal realizó durante casi más de una década, y en buena mediada, Flash Gordon Conquers the Universe: toda una piedra angular sobre la que se ha cimentado parte de lo que hoy entendemos como cine fantástico. Fenómenos cinematográficos como Spiderman (2002) de Sam Raimi, X Men (2000) de Bryan Singer, sagas como Star Wars, Star Trek o más recientemente mayestáticos espectáculos digitales como Las crónicas de Riddick, deben más de lo que parece a dichos seriales. Flash Gordon es uno de los primeros paradigmas de la fusión de géneros: aventura y ciencia ficción se unen en un nuevo concepto de espectáculo que ha perdurado intacto a lo largo de los años y aún sigue contando con el entusiasmo del público. Y es que la vieja fórmula ha pasado de generación en generación sin perder su magia, desde Alex Raymond hasta George Lucas dejando un largo paréntesis que ha abarcado hombres de radio, dibujantes, guionistas, músicos, cineastas, etc.

Para terminar me gustaría insistir en el propósito de este articulo, más que una sesuda enunciación de datos, mi intención era realizar una reflexión, casi una aproximación que lejos de la nostalgia surge de la irrefrenable atracción que hacia el personaje me ha provocado un viejo serial: ni por edad ni por cultura comiquera (reconozco que no soy un experto en cómics) guardo alguna relación sentimental con el fenómeno de los seriales; en cualquier caso, pido disculpas por adelantado a todos aquellos iniciados que puedan discrepar de algunos de los contenidos del presente texto.

 APUNTES:

[1].Antes de hacerse popular gracias al dibujante Dick Calkins, el personaje nació como Antonhy Rogers en la revista Amazing Stories y fue protagonista de una novela de Phil Nowland titulada «Armageddon 2419 A.D.». Buck es un aviador de la Segunda Guerra Mundial que inhala unos gases en un accidente en una mina y cae en coma para despertar en pleno siglo XXV. En el nuevo orden mundia,l China ha invadido Estados Unidos y el héroe pronto se hará jefe de la resistencia (los Rocket Rangers). Está considerado el primer cómic de ciencia ficción y pronto daría lugar a dos seriales de radio y dos de televisión.

[2].Tarzan the fearless fue el único papel de Crabbe como rey de los monos. El rostro de Tarzán se popularizaría gracias a Jonhy Weissmuller que al igual que Crabbe fue campeón olímpico de natación. Buster Crabbe fue oro en 400 m en las olimpiadas de Los Angeles 1932 y Weissmuller cuatro años antes, en Amnsterdam récord olímpico en los 400 m y medalla de oro en relevos 4x200 m.

[3].Metal Hurlant fue una mítica revista francesa de ciencia ficción creada en 1975 por Dionnet, Druillet, Farkas y Giraud. Sus contenidos, escritos y dibujados por genios como Gillon, Lob, Benoit, Bilal, Caza, Forest, Gal, Schuiten, Pétillon, Pichard, Tardi o invitados como Jodorowsky abordaban la cultura ciber, una visión entre tecnificada y apocalíptica del futuro que trascendió el género de la ciencia ficción y conectó directamente con tendencias como el ciberpunk. La revista dejó de publicarse en 1987.

[4]. Años antes, en Europa, tuvieron mucho éxito los seriales franceses Judex (1916), Les Vampires (1915) o Fantômas (1913) todos dirigidos por Louis Feuillade.

Bibliografía: Existe una novela sobre el héroe, «FLASH GORDON en las cavernas de Mongo» escrita por Alex Raymond en 1936. La novela fue editada en España por Pala, S.A., en 1973, dentro de la colección de novelas populares PULP, dirigida por Luis Gasca. El título original de la novela es «Flash Gordon in the Caverns of Mongo».

Webs recomendadas:

http://escena.ya.com/temerario/            http://flashgordon.ws/trip_to_mars.htm

volver a data