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D A I M  A I J I  N

"El brazo ejecutor del Dios de la montaña"

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Siguiendo en cierta manera la estela de las superproducciones bíblicas propuestas por Hollywood –Los diez mandamientos (The ten commandments, Cecil B. De Mille, 1956), Ben-Hur (Ben-Hur, William Wyler, 1959)– a finales de los años cincuenta y principio de los sesenta floreció en Japón el género histórico-mitológico, con grandes presupuestos y espectaculares escenas de masas. Títulos como Nichiren to moko daishuurai [Nichiren y la gran ofensiva de los mongoles, Kunio Watanabe, 1958], sobre el monje budista Nichiren, que en el siglo XIII salvó Japón de los mongoles provocando un descomunal tifón, La leyenda de Buda (Shaka, Kenji Misumi, 1961), La gran muralla (Shin no shikotei, Shigeo Tanaka, 1962), biografía del emperador Chin, primer unificador de China, o Los tres tesoros (Nippon tanjo, Hiroshi Inagaki, 1959), centrada en el origen del mundo, entre otros, ilustran la combinación entre el género fantástico tradicional japonés y diversas y variadas influencias occidentales, que van desde la literatura heroico-fantástica a las películas sobre el personaje de Simbad (1).

En este contexto destaca especialmente la serie de tres películas protagonizadas por Daimajin (Majin el grande), brazo ejecutor del dios de la montaña, producidas por la compañía Daiei. Hábil combinación argumental y estética de elementos de la tradición cinematográfica japonesa de las jidai geki o películas de época (la acción transcurre en el siglo XVIII) con las características de las kaiju eiga o películas de monstruos –la serie sobre Gojira / Godzilla iniciada por Inoshiro Honda en 1954 y producida por la Toho–, con influencias en el nivel ideológico del paganismo telúrico sintoísta con resabios bíblicos, el éxito y la popularidad de Daimaijin permanecen aún hoy insuperados. Las tres películas fueron realizadas el mismo año por tres directores distintos –Kimiyoshi Yasuda (1911–1983), Kenji Misumi (1921–1975) y Kazuo Mori (1911–1989)– pero con prácticamente el mismo equipo técnico, apartado en el que destacan de manera especial el compositor Akira Ifukube (nacido en 1914), el guionista Tetsuro Yoshida (nacido en 1929) y el técnico en efectos especiales y futuro director Yoshiyuki Kuroda (nacido en 1928), injustamente olvidado en la actualidad pese a ser el máximo responsable de uno de los títulos fundamentales del cine fantástico y de terror japonés de los años sesenta, Yokai daisenso (1968).

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A pesar del interés claramente decreciente de la serie (el primer título es muy superior a las dos siguientes entregas), los tres títulos comparten una serie de características bien determinadas. En primer lugar, un profunda espiritualidad de carácter religioso íntimamente relacionada con el destino y que contempla lo fantástico no como un choque o irrupción de lo sobrenatural en el mundo real sino como una especie de sentimiento que forma parte de la propia realidad: Daimaijin existe, forma parte de la vida cotidiana de los habitantes de la zona, que le rinden culto y le piden ayuda en momentos de crisis o de necesidad, llegando incluso a ofrecer su propia vida en sacrificio. Sensible a las plegarias de los niños y las mujeres y al mismo tiempo brutal ejecutor de la voluntad de dios, Daimaijin representa, en su total invulnerabilidad y en su rabia despiadada, el peso del destino fijado y el castigo terrible para todos aquellos que se atrevan a desobedecer la voluntad divina y que, en consecuencia, no sean justos con el pueblo («Paciencia y humildad» es una frase repetida en los tres filmes por los principales representantes del pueblo, reflejo de su confianza ciega en el Dios). Por este motivo, Daimaijin ha sido comparado a menudo con la figura judía del Golem, estatua de barro creada por el rabino Loew para ayudar a los judíos del ghetto de Praga durante la Edad Media. En estrecha relación con esta profunda espiritualidad, Daimaijin [Majin el Grande], Daimaijin Ikaru [La cólera de Majin] y Daimaijin Gyakushuu [Majin contraataca] comparten también, en igual o mayor medida, un respeto casi religioso por la naturaleza, ejemplificado en los espectaculares escenarios naturales en los que transcurre la acción, lejos de cualquier ciudad, pero que adquiere una relevancia especial en la asociación de Daimaijin, en cada uno de los filmes, con tres principios fundamentales de la Tierra y la naturaleza: el agua, el fuego y la nieve. Una atmósfera abiertamente fantástica, entre majestuosa e inquietante, domina los tres lugares sagrados en los que la estatua de Daimaijin espera el momento para volver a la vida y castigar a los tiranos. En este mismo sentido, las tres películas ponen de manifiesto la pasión del cine japonés por el remake e incluso por el auto-remake, por acercarse una y otra vez a las mismas historias con muy pocas variaciones: Daimaijin, Daimaijin Ikaru y Daimaijin Gyakushuu se constituyen, incluso antes que en películas fantásticas, en melodramas de samurais que hablan de la tiranía, del exceso de ambición y de la corrupción, pero también de la fe y la justicia, del honor y la solidaridad.

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MAIJIN

[MAJIN EL GRANDE]

Japón, 1966. 86 minutos. Color. Director: Kimiyoshi Yasuda Producción: Masaichi Nagata, para Daiei Guión: Tetsuro Yoshida Fotografía: Fujiro Morita (Scope) Música: Akira Ifukube Efectos especiales: Yoshiyuki Kuroda Montaje: Hirochi Yamada Interpretación: Miwa Takada (Kozasa Hanabusa), Yoshihiko Aoyama (Tadafumi Hanabusa), Jun Fujimaki (Kogenta), Yutaro Gomi (Samanosuke), Tatsuo Endo (Gunjuro), Riki Hoshimoto (Majin) Estreno en Japón: 17 de abril de 1966.

Durante la Edad Media, el malvado Samanosuke Odate (Yutaro Gomi), jefe de la guardia, se alza contra la familia Hanabusa, que gobierna pacíficamene una comunidad rural, aboliendo los ritos religiosos e implantando una dictadura. Los únicos supervivientes de la masacre, el príncipe y la princesa de los Habanusa, Tadafumi y Kozasa (Yoshihiko Aoyama y Miwa Takada, respectivamente), ambos de corta edad, son rescatados por uno de sus más fieles sirvientes, Kogenta (Jun Fujimaki), y se refugian en una cueva de la montaña sagrada, situada en el Valle de los Lobos y a la sombra de la colosal estatua de piedra de Majin, dios en quien los habitantes de la zona confían para poder librarse algún día de la esclavitud. Diez años después, cuando el príncipe Tadafumi ya ha alcanzado la mayoría de edad, Kogenta es capturado por el ejército de Samanosuke durante una visita a la ciudad, y el dictador decide destruir la estatua del dios para cortar de raíz los indicios que apuntan a una inmediata revuelta popular. Pero cuando los soldados intentan clavar una gran estaca de hierro en la cabeza de la estatua, borbotones de sangre empiezan a caer de la herida... Primer título de la serie, Daimaijin supone un hito en la historia del cine fantástico y de terror japonés por su espléndida combinación de ternura y crueldad, ingenuidad y violencia, fantasía y realidad, no superada en los dos siguientes títulos de la serie (y en prácticamente ningún otro título nipón de la época). El filme mezcla de manera no menos admirable la estética y las características del cine de época con elementos modernos procedentes del kaiju eiga, hasta el punto de constituirse más en un melodrama de samuráis con elementos fantásticos que no en una película propiamente fantástica. Todo el filme, no obstante, está plagado de premoniciones y avisos, y la sombra de lo sobrenatural se cierne sobre el Valle de los Lobos, celosamente guardado por la maga Shinogu, tía de Kogenta: los soldados de Samanosuke, así, no consiguen encontrar el camino hacia la estatua y se pierden en la profundidad del bosque, o Takehito, el niño que se atreve a entrar en el valle para pedir al Dios que impida la crucifixión de su padre, es atacado por la rama de un árbol que, gracias a un espléndido trabajo de montaje, adquiere por unos segundos la apariencia de la mano de un esqueleto. Obsesionado con la construcción de una nueva fortaleza, Samanosuke ha elevado sobremanera los impuestos sobre las cosechas de los habitantes de la comunidad y obliga a hombres y niños a trabajar sin descanso como esclavos, maltratados e incluso torturados hasta la muerte por los soldados. Cuando el príncipe Tadafumi es capturado al intentar rescatar a Kogenta y ambos son condenados a morir crucificados, Kozasa se arrodilla delante de la estatua del Dios en compañía de Takehito y ofrece su vida a cambio de la de su hermano: Takehito impide en el último momento que Kozasa se suicide lanzándose por la cascada de la montaña sagrada, justo en el momento en que un terrible terremoto sacude el Valle de los Lobos. La figura del Dios Diabólico, como ocurre con el monstruo en el primer título de la serie Gojira / Godzilla, Japón bajo el terror del monstruo (Gojira, Inoshiro Honda, 1954), cobra vida tan sólo en la última parte del metraje para poner fin a la terrible dictadura de Samanosuke.

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Su aparición, como ocurrirá en las dos entregas posteriores de la serie, es de connotaciones apocalípticas. Las nubes tapan el sol, el cielo se vuelve rojo y la tierra tiembla bajo sus poderosas pisadas. Su rostro sereno y afable de piedra se transforma en el rostro de un demonio de colores rojos y verdosos. Una vez desatada su ira ya no hay vuelta atrás: inmune a cualquier arma y con una fuerza descomunal, la figura majestuosa e imponiente de Daimaijin tiene su justa correspondencia en su rabia y en su sadismo: Samanosuke, que ha visto destruida en unos pocos minutos la nueva fortaleza construida durante meses por sus esclavos, muere a manos de Daimaijin de la manera más terrible posible: el Dios Diabólico se arranca la estaca de hierro que los soldados han intentado clavarle en medio de la cabeza y se la clava en medio del corazón, crucificándolo en una columna de madera, casi el único resto que se mantiene en pie de su esplendoroso castillo. Los efectos especiales de Yoshiyuki Kuroda, que combinan stop-motion o animación fotograma a fotograma, maquetas y tomas de diferentes proporciones con un actor disfrazado (Riki Hoshimoto interpretó a Daimaijin en los tres títulos de la serie) son sencillamente extraordinarios y nada tienen que envidiar, antes al contrario, al trabajo de Eiji Tsuburaya, responsable de los efectos especiales de la práctica totalidad de los títulos de la serie clásica de Gojira / Godzilla. Al final, sólo las lágrimas puras de Kozasa, arrodillada nuevamente a los pies del Dios, conseguirá calmar su sed de venganza y destrucción:

«Calmad vuestra furia y volved a la montaña». Reestablecida la paz y la justicia, el cielo se destapa y la colosal figura del Dios se desmorona, convertida en arena, hasta desaparecer por completo.

 

 

DAIMAIJIN IKARU [LA CÒLERA DE MAJIN]

aka Wrath of Daimaijin

Japón, 1966. 82 minutos. Color. Director: Kenji Misumi Producción: Masaichi Nagata, para Daiei Guión: Tetsuro Yoshida Fotografía: Fujiro Morita (Scope) Música: Akira Ifukube Efectos especiales: Yoshiyuki Kuroda Montaje: Kanji Saganuma Interpretación: Shino Fujimura (Sayuri), Kojiro Hongo (Juro), Isao Hashimoto (Toshihiro Ikenaga), Asao Uchida (Takosibe), Takashi Kanda (Danjo), Taro Marui (Dodohei) Estreno en Japón: 13 de agosto de 1966.

 

Durante la Edad Media, el ejército de Lord Danjo de la casa de Mikoshiba (Takashi Kanda) cruza el lago que marca la frontera de su reino e invade los dominios de Lord Juro de la casa de Chigusa, sometiendo a su pueblo a una terrible dictadura. Sayuri (Shino Fujimura), hermana de Lord Juro (Kojiro Hongo), pide ayuda a Daimaijin, cuya estatua se alza majestuosa en el interior de una cueva situada en una isla del lago. Los soldados de Lord Danjo, comandados por Mikoshiba, llegan poco después a la cueva y destruyen la estatua de Daimaijin con dinamita...

Pese a incorporar algunos elementos nuevos a la historia del Dios Diabólico, Daimaijin ikaru repite, casi al pie de la letra, la estructura y el desarrollo argumental de Daimaijin, hasta el punto que ambos filmes pueden ser considerados como dos variaciones de una misma historia: la figura del Dios se erige nuevamente en salvadora de un pueblo brutalmente oprimido por una dictadura corrupta. A diferencia del filme anterior, el director Kenji Misumi y el guionista Tetsuro Yoshida emplean con mucha más intención el recurso de la ambigüedad y la sugerencia, consiguiendo escenas fantásticas de un gran poder de sugestión: después de la (aparente) destrucción de la estatua de Daimaijin, la barca de un grupo de soldados de Lord Danjo aparece a la deriva en las aguas del lago repleta de cadáveres; uno de los soldados muertos tiene un trozo de la mano de piedra del Dios clavada en el corazón. La primera mitad del filme, de hecho, juega con la posibilidad que Daimaijin haya sido realmente destruido, pero el Dios aguarda en las profundidades del lago el momento de volver a la vida. Si en el primer título de la serie el Dios Diabólico aparecía claramente identificado con la Tierra, ahora es el agua, otro de los principales elementos de la Naturaleza, la que juega un papel determinante en el desarrollo de la historia. Nuevamente haciendo caso de las súplicas de una mujer, Sayuri, Daimaijin surge de las profundidades del lago para castigar a los opresores, destruyendo completamente su castillo y matando sin piedad al malvado Lord Danjo, quien muere crucificado en las velas en llamas del barco en el que había intentado escapar de la masacre. Serán nuevamente las lágrimas de una mujer, la misma Sayuri, vertidas sobre las aguas del lago, las que calmarán la furia del dios. Convertido en agua, Daimaijin desaparecerá en las profundidades del lago junto con la isla que guardaba su estatua, pero el Dios Diabólico protegerá siempre a su pueblo: desde el fondo de las aguas se oye el sonido de la campana que los hombres de Lord Danjo habían arrojado al lago para impedir que la gente del pueblo pidiera ayuda...

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DAIMAIJIN GYAKUSHUU [MAJIN CONTRAATACA]

Aka Majin strikes again / The return of Giant Majin

Japón, 1966. 92 minutos. Color. Director: Issei Mori Producción: Masaichi Nagata, para Daiei Guión: Tetsuro Yoshida Fotografía: Hiroshi Imai i Fujiro Morita (Scope) Música: Akira Ifukube Efectos especiales: Yoshiyuki Kuroda Interpretación: Hideki Ninomiya (Tsurukichi), Shinji Harii (Daisaku), Masahide Kizuka (Kinta), Muneyuki Nagatomo (Sugimatsu), Toru Abe (Hidanokami), Takashi Nakamura (Sanpei) Estreno en Japón: 21 de diciembre de 1966.

A diferencia de los dos títulos anteriores de la serie, Daimaijin gyakushuu empieza con una violenta tormenta de nieve y viento y con escenas apocalípticas de destrucción que de alguna manera anticipan el desenlace de la historia. Igual que Daimaijin y Daimaijin ikaru, el filme narra la historia de la brutal opresión de una pequeña comunidad rural a la que una corrupta dinastía de samuráis ha convertido en sus esclavos. Sin embargo, a diferencia de los dos títulos anteriores, el filme adopta un tono marcadamente infantil, en algunos momentos quizá demasiado ingenuo, aunque sin renunciar a las puntuales explosiones de crueldad y sadismo de los dos primeros filmes de la serie (la muerte de uno de los prisioneros / esclavos en un estanque de sulfuro, por ejemplo). Los protagonistas de la historia son cuatro niños pequeños que deciden abandonar su pueblo para ir a buscar a sus padres, leñadores de las montañas que han sido hecho prisioneros por el malvado Señor Arakawa, quien los obliga a trabajar como esclavos en la construcción de una gran fortaleza en el Valle del Infierno. En su larga travesía a través de las montañas, los cuatro jóvenes protagonistas tendrán que hacer frente a todo tipo de adversidades, vigilados de cerca por un misterioso halcón, en realidad mensajero de Daimaijin, que los salvará de caer en las manos de los samuráis enemigos antes de caer abatido por un disparo. La estatua del Dios Diabólico, situada en la cima de una zona montañosa de difícil acceso desde la que se divisa toda la zona, es mudo testigo de la desgracia de los cuatro niños: uno morirá al ser arrastrado por la corriente de un río y los otros tres estarán a punto de morir congelados: uno de ellos se ofrecerá en sacrificio al Dios para que sus compañeros puedan salvarse y se lanzará por un barranco, hundiéndose en la nieve. Daimaijin resucitará en este momento, fundiendo la nieve y el hielo con sus pisadas, y desenterrará al pequeño, poniéndolo a salvo justo antes de ajusticiar brutalmente al malvado Arakawa, quien morirá al ser herido por la espada del Dios Diabólico y arrojado al estanque de sulfuro en el que gustaba de ajusticiar a sus prisioneros. Los tres niños supervivientes se reencontrarán con sus padres y sus lágrimas calmarán la furia del dios ya por última vez: convertido en nieve, Daimaijin se derretirá en medio de las montañas para nunca más regresar.

Pau Roig Ros

(1) Ver AA.VV., Cine fantástico y de terror japonés (1899-2001), San Sebastián: Donostia Kultura / Semana del Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, 2001, págs. 62 y ss.

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